Daniel

Todos los sábados, Daniel Córdoba daba clases de Física en la clandestinidad. No tenía autorización, sueldo, ni seguro. Empezó por preparar a chicos que querían ir a las Olimpíadas que luego ingresarían al prestigioso instituto El Balseiro.

Hoy tiene un taller que no para de generar éxitos y no está solo dirigido a aspirantes olímpicos si no, además, a personas que simplemente quieren saber más de Física: “Física al alcance de todos”.

En nuestro viaje a Salta, en el marco de la campaña #QuéMaestro, salimos a buscarlo y sin dudarlo nos abrió las puertas de la Universidad Nacional de Salta, nos ofreció un mate, y comenzó la entrevista:

¿Qué te gustaría que sepamos de vos?

Me gustaría que otros docentes supieran qué es lo que me motiva de trabajar. No me gustan las reglas, no me gustan las instituciones. Cuando veía un libro de temas, siempre decía “bueno acá están los objetivos, acá hay que firmar, acá hay que decir” “¿y, por qué?” “¿Esto lo miran después?” Se supone que después esto se cierra con una planificación, se cierra con el libro de temas, con la carpeta del alumno. Este “triángulo de las Bermudas” fue el primer encontronazo que yo debo haber tenido cuando ya estaba en el aula, de pensar que de ese triángulo todo se convertía en un rito de cerrar la planificación, la carpeta del alumno, y el libro de temas. Pero había algo más ahí metido. Entonces hackeé  ese sistema y me armé de libros de temas paralelos o armaba diálogos de profesor que no tenían nada que ver con eso. Nunca pensé que ese tipo de cosas que hacía era el puntapié inicial para después hacer muchas cosas que hice, hackeando maneras de establecerme con las instituciones.

Las instituciones te ayudan, siempre insisto con esto. Hay una cosa que lo uso como una comparación. La gravedad es la que te permite caminar pero no es la que te permite volar. En las instituciones pasan cosas parecidas, hay cosas que te permiten y otras que no. Entonces el rol de lo instituido siempre ayuda en algunos aspectos pero en otros aspectos no me ayuda del todo. En mi historia de vida, ha sido una constante la pelea con las instituciones.

¿Qué te llevó a enseñar?

Fue la historia de mi grupo, la historia que tiene que ver con lo que yo hago, con un no institucional. Yo en el 91 trabajaba en una actividad que eran las olimpíadas de física. Trabajaba con chicos que tenían un entrenamiento paralelo a competir en las olimpíadas nacionales en Córdoba. En un momento dado me dicen que no podía seguir haciendo eso porque era una actividad elitista, solo se trabajaba con los mejores. Ahí, insisto, había chicos que la Física no les corría en el aula tradicional pero que en este espacio se enganchaban. Incluso había chicos que se llevaban a rendir la materia de Física y después lograban irse a los Olímpicos. No se trata de una actividad elitista, es un espacio donde los tiempos de aprendizaje son distintos, y las motivaciones son distintas. Y me decían “no, no podes seguir, esto no se puede, tenés que respetar la institución, tenés que respetar las normas, no nos gusta esto”.

Bueno, sin mucho trámite, el colegio secundario de la universidad está ubicado dentro del predio universitario, me moví 400 metros, me vine para acá, a las primeras aulas, y me instalé sin permiso. Solo tenía el sí de los padres, tenía dos alumnos, y seguí trabajando. Venía los sábados, desde las 9 hasta la 1 y después nos veíamos en la facultad durante la semana con los chicos, después de trabajar.

Y el grupo fue creciendo. 2 chicos, 3 chicos, 4, 5. A veces venía y no había nadie, y no era la época de los mensajes de texto donde podés mandar un “por qué no viniste”.  Me quedaba a tomar un café con leche y me volvía a casa.

Y el grupo siguió creciendo. Ya no sólo venían chicos que dependían del colegio de la universidad, sino también de otras instituciones. 10, 20, 30, 40, 50 chicos. Ya pedíamos un aula más grande. Era una descaradés total, porque yo no tenía sueldo, no tenía seguro, no tenía absolutamente nada y de pronto el taller se empieza a hacer más grande y venían chicos que no querían ser olímpicos si no que querían aprender Física. Y ahí había hackeado las instituciones, había hackeado el espacio, me había ido a otro lado, hackeaba las formas que daba las clases. ¿Por qué va a tener que tener una relación docente-alumno de la forma tradicional el que sabe otro tipo de situaciones? Hackeaba las relaciones interpersonales y me tocó hackear lo más complicado que fueron los miedos.

Llegó el momento de tener que hackear los miedos. Hackear los miedos tenía que ver con animarme a decir “este taller preparativo para olimpíadas ahora va a ser un taller de Física al alcance de todos”. Y así fue el título que tiene en la actualidad. Me animé a hacer eso sabiendo que podía causar un gran impacto y que venga mucha gente. Y efectivamente vino mucha gente.

Se llenó un anfiteatro, sin sueldos, sin presupuesto, sin nada. Y por supuesto cada vez que íbamos nosotros avanzando en esto mis ayudantes terminaron siendo los ex alumnos del taller, preparándose para entrar a El Balseiro. Entonces se enganchaban y se generó algo como un”vos me ayudás con los más chicos y yo te ayudo con tus cosas”.

Y no dejó de crecer. De pronto muchos chicos fueron reconocidos, no solo por los premios a las Olimpíadas si no por la gente que entraba a El Balseiro. En los medios empiezó a salir “qué bárbaro salteños que entran al instituto Balseiro”. Nos descubrieron la universidad y más tarde las autoridades.

Los guardias pensaban que si eras docente acá estabas legalmente instituido para dar un curso. El secundario de la universidad creía que detrás de mí estaba la facultad y la facultad creía que detrás de mí estaba el secundario. Y bueno, salimos en los medios: “Más de 200 chicos se reúnen los fines de semana a estudiar Física”. Entonces la rectora de ese momento manda una carta de salutación al colegio dependiente de la universidad para felicitarlo, y el colegio le dice que no tenían nada que ver con eso. Se lo manda a la facultad y la facultad le dice exactamente lo mismo. Entonces la pregunta era “¿De quién es eso?”.

En consecuencia tuve que salir de la clandestinidad y nunca me imaginé que esta tarea de tantos años, de empezar una actividad clandestina, hoy tiene todos los reconocimientos más grandes que puede tener un curso dentro de una universidad. Declaraciones de interés académico por parte del Consejo Superior, por la facultad, la provincia, y también en los últimos tiempos fue declarado de interés nacional por parte del Ministerio de La Nación.

Tenemos un curso que moviliza chicos, que vienen de distintos sectores sociales, de distintos lugares. Mi vida transitó por esto, por paralelear el sistema.

¿Qué te diferencia como docente?

Hace poco tuve una charla con respecto a uno de estos temas. El alumno más grande de este grupo tiene 43 años y hablábamos justamente de esa situación de las relaciones interpersonales. Yo cuando él venía acá, la diferencia de edad era de 9, 10 años. Hoy la diferencia generacional entre los chicos que vienen y los otros no es de 10 años, es mucho mayor. Entonces él hacía un análisis diciendo “los estás tratando de la misma manera como me tratabas a mí, ellos te tratan de la misma forma que yo te trataba a vos, a pesar de todos los años” y yo le hice la pregunta “¿y vos por qué creés que es?” Porque creo que uno se acerca a las personas que te dicen “no sé”. Creo que es algo muy importante para los docentes, no saberlo toda, ponerse como un par más independientemente del color de pelo.

Creo que eso es una de las cosas que caracterizo, mostrarse como que “no la sabés”,En el caso particular de la ciencia en el cual tenemos muchos problemas en el aprendizaje, es en una de las cosas más fuertes que hay que insistir, en la construcción del conocimiento paso a paso y fundamentalmente tener en cuenta los tiempos de aprendizaje, lo más complicado para los chicos.

Sobre miedos y docencia

Creo que una de las cosas que sufre mucho un docente es la soledad pedagógica. Están muy solos los docentes. El docente habla permanente y exclusivamente. Se dice una cosa y ahí nomás le responden. No socializa. En estos tiempos es mucho más fácil socializar. Nunca me voy a olvidar, que el mismo año que de detuvieron en el 95, mismo año que entró el primero al Balseiro, fue el primer año que tuvimos Internet en la universidad. Eso me permitió interactuar con otros grupos, incluso de otros países, socializar.

Para empezar a hackear los miedos hay que armarse con un grupo de gente para poder interactuar. En mi caso particular, cuando se decidió cambiar el título del taller, que fue uno de los momentos más difíciles, lo había conversado con un viejo profesor al cual yo le recurría permanentemente y le decía “mire, me está pasando esto: chicos que jamás querían estudiar Física, hoy se convirtieron en físicos y mordieron el anzuelo de las Olimpíadas de Física”. Y él me dijo una frase que yo al repito al hartazgo que es “Sócrates le enseñaba al vulgo y le fue dado Platón”. Porque Sócrates enseñaba al vulgo y le fue dado Platón. Y yo estaba haciendo lo mismo, es decir, están apareciendo los platones de la Física.

Cuando eras chicos, ¿qué características te gustaban en los docentes?

El trasgresor, me encantaban los profesores que trasgredían. Siempre recuerdo a estos profesores que después uno reproduce esquemas de formación en este aspecto

¿Qué características destacás para ser docente?

Honestidad intelectual y la posibilidad de la empatía. Ponerse en el lugar del otro. Suele pasar que los docentes consideran a los chicos como eran ellos hace 10 años, y no pueden salirse de esa imagen. Entonces no tiene esa posibilidad de meterse en la piel del otro, de saber que está ahí y no solo hay que instalar cierta destreza para llegar a ciertos campos del saber, sino que hay que instalarle ganas. Por eso insisto que ser empático es fundamental.

¿Qué es lo más valioso que aprendes de un alumno?

Primero que no todos van a ser iguales. Que esto que me sirvió con uno no me va a servir con el otro, de saber que siempre tenés que hacer las cosas distintas. Que eso es lo bueno de la docencia, que no siempre vas a tener que hacer el mismo trabajo. Que siempre vas a estar en la casa pensando de qué forma podés llegar a tal alumno.

Una vez me preguntaron qué era lo que más me gustaba de la Física, yo le dije, enseñarla.

Plural: 3 Comentarios Añadir valoración

  1. Margarita dice:

    Este tipo es un enamorado de lo que hace x eso tiene exito.Reunir 200 pibes para estudiar es paramormal.
    Grande Profe!!!

  2. Gabriela Haddad dice:

    Toda esta experiencia la conocí a través de mi hijo que es alumno del taller, olímpico y aspira a ingresar al Balseiro, todo de la mano de Daniel…vio en él algo que ningún profesor del colegio percató y se convirtió en su mentor. Atraer a adolescentes de forma voluntaria despertar pasiones y vocaciones es un don….una maravilla…si esto se pudiera replicar en todas las areas seria una revolucion academica tan necesaria en nuestro país! En lo personal agradecida profundamente con Daniel no me alcanzarían las palabras es indescriptible lo que se vive.

  3. Gaston dice:

    MUY BUEN REPORTAJE DEL PROFE!

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