Cecilia

¿Qué te gustaría que sepamos de vos?

Que me gusta lo que hago, me gusta mucho enseñar y me gusta aprender. Y uno cuando enseña aprende mucho de sus alumnos.

¿Quién es Cecilia Sturla?

Es una pregunta muy filosófica- soy una persona que me gusta pensar la realidad, me gusta transmitir lo que voy descubriendo. Soy una persona reflexiva y gracias a que puedo hacer lo que me gusta, soy una persona muy alegre.

¿Qué fue lo que te llevó a enseñar?

Fue un proceso muy natural. De chica mi papá me decía que era una maestra ciruela, que andaba diciendo a todos lo que tenían que hacer. Entonces la elección de una carrera nunca se planteó muy polarmente. Si no que al contrario, yo sabía que tenía que enseñar.

¿Cómo hacés para motivar a tus alumnos?

De todo, uno le pone el cuerpo. Cada vez es más complicado motivar porque los chicos se mueven con todo lo que es la tecnología, tienen una realidad muy dinámica y muy cambiante al alcance de la mano. Ponerte en frente con un pizarrón atrás, con una sola dirección, te sentis algo así como un emoticón.

Tengo que pensar bien cómo hacer para motivarlos. En los últimos años esto se fue acrecentando. Mi manera de dar clases hoy es totalmente distinta a lo que era hace 5 años. Pese a que los programas no cambian, lo que cambia es lo que yo tengo en frente. Son generaciones que necesitan estar muy activas, entonces estás permanentemente innovando en las clases. Innovar en Filosofía es complejo.

¿Me podés dar un ejemplo de lo que hacés para innovar?

Lo que estoy haciendo ahora es parar cada 20 minutos. Les digo: “chicos ustedes préstenme atención por 20 minutos”. Hablo con todo mi cuerpo para demostrar algo de filosofía, trato de bajar a la realidad a un artículo de diario para ver el pensamiento del autor. Hago todo ese tipo de cosas pero parar cada 20 minutos, con un descanso de dos o tres minutos, hace que después los chicos se concentren de otra manera.

Si yo tengo módulos de 80 minutos es imposible darlos seguidos. Entonces la innovación está en estas libertades que me tomo, que el sistema no los contempla, pero que yo los tengo que contemplar si quiero que aprendan. Lo demás es que ellos den clases, que ellos lean, que discutan, debatan. Trató de adecuar el sistema, que no es muy innovador, a las necesidades de los chicos.

¿Cómo hacés para no cansarte de la rutina?

A ver… a mí no me cansa la rutina. Cada clase es un mundo. Yo no doy las clases de la misma manera, tengo 4 H y 4 E, tengo que dar el mismo programa, y nunca doy las clases igual. No me gusta ver qué hice en la clase anterior, porque yo sé lo que tengo que decir, pero lo hago de diferentes maneras. Si vos controlás una carpeta de los dos cursos paralelos vas a ver que lo encaro de diferente. No soy rutinaria, por lo tanto no caigo en la rutina.

¿Qué es lo más valioso que aprendés de tus alumnos?

La espontaneidad. Estas son generaciones muy espontáneas y muy frontales. Y muy críticas.

Me encanta trabajar con jóvenes porque son hiper críticos. Por ejemplo, estoy dando Heggel, pensador del idealismo alemán, que es muy complejo y muy abstracto. Yo trato de ver las políticas actuales según el pensamiento de Heggel.

En un sistema educativo donde los chicos repiten porque no se adecúan al sistema que está hecho con la razón, el sistema los elimina. “Pero eso es lo que pasa, que el si vos no te amoldas al sistema educativo, el sistema educativo te expulsa”, me dijo una alumna. “Sí”, le dije. “¿Pero usted sabe de dónde viene nuestro sistema educativo? Del siglo XVIII del idealismo alemán”. Entonces hicimos todo una reflexión de un sistema educativo que está pensado para gente del siglo XVIII y nosotros seguimos adhiriendo a eso.

Es decir, eso hace que uno diga “está buena la filosofía”.

¿Qué te gustaría que cambie del sistema educativo?

El sistema. El sistema no da para más. Tiene cosas buenas, uno no puede decir que todo el sistema está mal. Yo en la crítica de recién les decía “ustedes aprendieron a leer y escribir en este sistema”, es decir, tiene un componente bueno. Pero tiene otro componente que es encorsetar a los chicos, es muy difícil dar una clase de innovación. Cuando vos ves que la mente del alumno es pura innovación y vos decís “qué pena que los 0 minutos de clase ya hayan terminado”.  Y qué pena que tengamos salir al recreo y que no siga en base al interés de los chicos.

Nosotros el año pasado leímos un libro Oppenheimer, Crear o morir, que es muy copado. Después de haber leído un par de capítulos con los de quinto año yo les dije “creemos”; “¿Qué cosas crearían?”, fue fantástico: recuerdo desde una pastilla de agua que se te iba deshaciendo a medida que tu cuerpo necesite agua, para la gente del desierto, a una silla de ruedas con una plataforma para que puedas subir escaleras. Fueron 2 minutos de libertad con consignas determinadas, y ellos resolvieron el mundo. Pero esto el sistema no lo contempla. El desafío de está en darle las herramientas a los alumnos de salir a trabajar de manera innovadora y para trabajar en equipo.

Sobre ser docente

Lo que realmente aprenden es el trato hacia el otro, el diálogo, es el vínculo que vos lograste. El cariño con el que vos das las clases, el niño te lo devuelve sextuplicado. Y eso es lo que yo valoro de mi docencia. Yo quiero a mis alumnos, inclusive al molesto que no se sienta. Vos creás un vínculo que va más allá de la clase. Muchas veces es un cariño no retribuido pero hay veces que sí y eso justifica la docencia. Yo no me imagino dar una clase de filosofía e irme sin tener un diálogo vital con mis alumnos.

 

 

Plural: 2 Comentarios Añadir valoración

  1. Andréa Zaldo dice:

    Una genia Ceci !!! Miles de felicitaciones !!!! Y un orgullo !!!! Ojalá mis hijos tengan un a profe así , con esa voluntad , con ese entusiasmo, con esa pasión que tenés para , con tu granito de arena, mejorar la educación . Cariños Andrea Zaldo

  2. Charlie Traverso dice:

    Espectacular la nota!

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