José

“Cuando llegué un viernes acá, no había nada, era sólo un pastizal. Entonces Guillermo, el puntero de la Villa 21-24 me dice, “¿José, no?, vos quédate tranquilo que el lunes tenés la escuela”. Si el viernes llegué y no había nada, ¿el lunes iba a tener la escuela?

El lunes cuando llegamos, con dos chicas, nos pusimos el guardapolvo y fuimos a recorrer el barrio. Empezamos a caminar, que la gente nos vea, que sepa que iba a haber una escuela. Es la forma que te reconozcan para que después vos entrés tranquilo. La gente te va a proteger”.

José García es maestro fundador de la escuela “El Fundador” de la Villa 21-24. Es docente de Ciencias Sociales y se denomina a sí mismo como un “maestro villero” de vocación.

Entrevista:

¿Qué te movió a ser maestro?

Empecé a dar clases en el 95, 96. Primero estaba haciendo un trabajo social, en villas de emergencia de la provincia, y vi cómo trabajaban los maestros en esos lugares y la verdad que me gustó, me gustó mucho. Yo iba a seguir Medicina, de hecho la empecé. Iba a hacer Pediatría, me gusta todo lo que tiene que ver con chicos. Después tuve que empezar a trabajar, “la vida que te pasa por delante”. Elegí otra carrera que también tuviera que ver con los chicos y elegí la Docencia. No me arrepiento. Es lo que me gusta. Hago lo que me gusta.

Cuando uno intenta volcarse a la vocación docente, primero tenés un montón de prejuicios,como el sueldo, por ejemplo. En la época cuando yo arranqué eran sueldos muy bajos. Como jefe de familia trabajaba tres turnos como para poder solventar los gastos. Pero la vocación puede más. La plata no es todo en la vida. El dinero no es todo. Uno tiene que hacer lo que realmente quiere hacer. Y por eso me decido a pesar que es una carrera muy desgastante, muy desvalorada.

Siempre fui líder, en los grupos que me involucré, siempre tratando de educar, armar, hacer. Todo tiene que ver con esto de ser maestro. El maestro está, está para educar, está para que los chicos aprendan contenido, pero también está la parte social

Contanos la historia de esta escuela, ¿cómo fue tu llegada a la Villa 21-24?

Un lunes cuando vinimos nos encontramos con que el espacio en donde estaba el pasto y los autos quemados, habían dejado 3 containers de chapa que habían empezado a armar. Nos dijeron que esas iban a ser las aulas. Primero nos miramos un poco preocupados pero después dijimos bueno, sabíamos a qué veníamos, el que tomó el cargo sabía cómo era.

Y ahí arrancamos con tres salones (1ro, 2do y 3er grado). Yo parecía Schwarzenegger en esa película del kínder. Me tocó primer grado, mi altura la tengo desde siempre. Era una persona de dos metros con personitas chiquitas.

En ese momento teníamos 60 chicos y había un comedor, que en realidad era un depósito de garrafas que tenía un cartel que decía “zona de peligro”. Pensar que nosotros por dos años estuvimos comiendo en este comedor, pero era lindo. La vocación te lleva a todos lados, la comunidad acompañó.

En Febrero del 2004 tuvimos el container de 4to, en el del 2005 el container de 5to, y así estuvimos casi 5 años trabajando en los containers. Yo siempre digo que eran containers de chapa y yo cuando empecé tenía pelo. Y ahora que se me está yendo el pelo, se me volaron hasta las chapas. Por suerte la de los containers también y se pudo construir esta escuela que tenemos hoy que es bárbara.

La escuela es realmente muy linda. Infraestructuralmente es excelente y son más de 200 chicos los que asisten todos los días. Todos lo conocen y saludan a José. Si bien en estos últimos 10 años hubieron más de 6 directores, José siempre se mantuvo en esta escuela. Ya van 13 años.

Hoy me tienen dando Sociales en 6to y 7m. Abordamos Sociales como me gusta a mí, de una forma distinta, humana, partiendo del interés de cada chico y complementándolos con material audiovisual.

¿Cuál fue la clase más insólita que tuviste que dar?

Cuando yo arranqué, tuve que hacer de profesor de Educación Física. Como estábamos sin maestros especiales y dibujando soy un desastre, me tocó a mí. Todos los deportes me gustan. Le daba a todos los grados, era lo que había que hacer en ese momento. Vos no podés estar con los chicos cuatro horas trabajando. Ellos venían y ya los hacíamos desayunar porque muchos no comían en la casa.

¿Qué fue lo más valioso que aprendiste en estos 13 años?

De acá un montón de cosas. De los chicos un se aprende todos los días. El maestro aprende más de los chicos que los chicos del maestro. Me parece a mí que vos aprendés todos los días algo con lo que cuentan, con lo que viven, con lo que lo solucionan los chicos. No hay mejor psicólogo que el chico.

¿Qué te distingue a vos como maestro?

Eso de ir para adelante, no pensar en nada. Lo hago porque lo siento, me lleva el corazón más que lo que debo hacer.

¿Algún acontecimiento que destaques de tu llegada?

Cosas lindas pasaron mucho la verdad. Pero me acuerdo cuando arrancamos con Pepe, el padre Pepe.

La Iglesia me convocó un día y un amigo me dice “bueno tenés que venir un domingo a la misa”. Yo la verdad no soy de ir a Misa, creo en la Iglesia, creo en Dios y sé que trabajan muy bien. Entonces me dijo “venite el domingo que vamos a hacer una misa”.

Y fui. Me convocaron porque me iban a dar un premio. Se trataba del premio al “Padre Daniel de la Sierra”, que es muy importante a nivel Iglesia, a nivel de acá y la verdad que a mí me llenó de orgullo. Cuando me dijeron “por el trabajo que hacés como docente acá en la Villa”, a mí se me caía todo…Es lindo que te reconozcan. Que te reconozca la gente con la que estás es muy lindo.

Pero los premios son todos los días. El papá que te dice “Vos tuviste a mis hijos y están en el secundario”. Ese para mí es el mayor premio.

 

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